De nuevo bajo la encina grande

Breve crónica del encuentro en el molino de Bularros, sábado, 14 de julio de 2018

Este año, ya entrado julio, hemos tenido la fortuna de volvernos a encontrar un grupo grande de miembros de la Familia Caro García,  apellidos del abuelo Benjamín y la abuela Felisa, respectivamente.

El sábado amaneció sereno, caluroso sin exagerar, con cierta brisa fresca y suave que atenuaba el calor del sol, y con un cielo azul, como sólo en las tierras altas de Ávila puede gozarse.

El encuentro en la pequeña iglesia parroquial de Bularros tuvo todos los rasgos tradicionales de siempre: abrazos entre quienes hacía un año, o más, que no se veían, preguntas por los nombres de niños y jóvenes que no acaba uno de conocer del todo, y… poca puntualidad, una característica que parece propia de los Caro y que no logramos corregir ningún año. La matriarca de todos fue Nena, viuda de Marcelo, la más animosa de todos, y perteneciente aún a la segunda generación tras los abuelos Benjamín y Felisa. En total, fuimos 64 miembros de la familia, cifra más que notable. Hubo representantes de las familias de Antonio, Concha (para nosotros son “los valencianos”), Rosario, Teresa y Marcelo. Creo que no me dejo ninguno. Está bien. Pero hay que animar a los que han dejado de venir. Esto es tarea de todos.

En la misa, presidida como siempre por el cura José Manuel, con su grupo de monaguillos y monaguillas estupendos, recordamos a los desaparecidos desde el último Bularros: la inolvidable Mari, el memorioso Rafael y el artista del pincel Alfonso. Hicimos la colecta para la parroquia y nos pusimos en marcha hacia la encina grande, donde ya nos esperaban sillas y mesas bien dispuestas, para descargar las provisiones que cada uno traía.  Dimos buena cuenta de la merienda (había verdaderos manjares exquisitos), y con los más animosos fuimos al molino y a la poza de antaño.

Los nuevos exploradores

Este año con tantas lluvias las hierbas y las zarzas nos dificultaron un poco el camino. Pero la proliferación de tomillos nos lo hizo siempre agradable. Y los más pequeños fueron los más valientes. Algunas de las fotos que iremos seleccionando nos lo recordarán para siempre.

Descansando en el camino

Luego, la foto de familia y en marcha, para encontrarnos de nuevo en la heladería de Los Valencianos en la plaza del Ejército de Ávila. Nos costaba despedirnos y la charla se alargó hasta casi las once de la noche, con un clima maravilloso, en este día otra vez inolvidable. Y la vieja Ávila quedó atrás para muchos, aunque estoy seguro de que todos la llevaremos para siempre en el corazón.

Foto de familia 2018 (una de las muchas)

Podéis enviar vuestras fotos y crónica a bularros@sanchezcaroabogados.com.

Trataremos de publicarlas aquí.

Un fuerte abrazo.

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